Estimado internaut@:

Estoy realmente entusiasmado con el hecho que estés leyendo esto, y te lo digo de todo corazón y con toda la sinceridad del mundo. No se trata de adularte para que compres algo, sino de que viajes conmigo a un mundo único.

Acompáñame y ten cuidado: no te pierdas ni te separes de mí. A veces en los rincones oscuros hay cosas con las que desearías no encontrarte. Nunca te mentiría.


¿Qué impulsa a una persona a escribir? Pues normalmente la necesidad de contar una historia, en el caso de las novelas de ficción.

Cuando alguien escribe una obra es porque realmente siente que es propia y singular, y tiene la necesidad de transmitirla a otras personas.

Esa sería la razón por la que escribo, contar mis historias, pero creo que realmente es la culminación de un impulso que ha sido propulsado por tres motores aún más importantes y fundamentales. Tres poderosas razones básicas. La primera es por la basura. Sí, lo que lees...

Yo me he gastado sueldos enteros en novelas, bestsellers internacionales con portadas maravillosas y prometedoras, que no valían ni el dinero de las cerillas que se necesitaban para prender la hoguera en donde quemarlas todas. Supongo que a ti también te ha ocurrido lo mismo. Pura basura comercial que toma el pelo y te roba la cartera sin vergüenza o pudor alguno. Que grandes decepciones he leído, de verdad. Con que autores más ilustres y a la vez infames he gastado horas y horas de mi sueño, leyendo la porquería que han engendrado porque tienen contratos importantes con editoriales por los cuales deben de escribir tantos libros en tanto tiempo. Libros preciosos que llenan cajas en el mejor de los casos o estanterías, y que cuando los miras piensas en que decepción tan grande te han producido. Libros que en mi caso me encanta prestar a las personas que visitan mi hogar, porque la verdad me importa un pimiento lo que les puedan pasar: que los manchen, que los rompan, que los pierdan o que se los queden.

La segunda es por la integridad moral. No, no me he vuelto loco. Leed atentamente y comprenderéis que os quiero decir.

Yo he visto como funcionan las editoriales. Todo está manipulado, corregido, comentado y censurado. Se trata de ser políticamente correcto. Creo en la libertad de expresión. En la no censura, en la creatividad libre. Sí no te gustan las novelas de terror, o del oeste, o de imposibles romances rosas no las compres, pero no te dediques a censurarlas o criticarlas. Cuando aparece un texto atrevido o irreverente todos lanzan gritos al cielo. Hoy las editoriales manipulan tanto los contenidos de las novelas, con sus “sugerencias”, que hacen todas se parecen entre si y mantienen una línea parecida de que pueden decir o mostrar. Eso no es libertad. Sí hay cincuenta novelas de terror en una librería, y todas están cortadas por el mismo patrón, la libertad no es que compres la que tú quieras. Eso es una trampa. Eso es un engaño, una estafa. Porque elijas lo que elijas, vas a leer lo que a ellos les parece bien. Lo que ellos quieren que tú leas y que haya pasado por la lupa de la censura y el colador de la corrección social.

Te contaré una graciosa e ilustrativa anécdota. Una vez gané un concurso literario, hace unos cuantos años, y cuando me dieron el premio, un miembro del jurado, él que me dio la gran noticia, me dijo al oído, muy bajito: “ No te lo mereces. Te lo damos porque el resto de lo que presentaron era una mierda “ Maravilloso. Resulta que escribí un relato dramático, tenso y lleno de fatalidad y pesimismo. Era la historia de un hombre que se quería suicidar y no encontraba razones para vivir. Una chica a la que toma de rehén le intenta convencer de las cosas buenas que tiene la vida, para salvarse ella y a él, rodeado de policías. ¿Os imagináis las caras que pusieron los jueces leyéndolo? Puede que no fuera la mejor historia del mundo, en eso estoy de acuerdo, pero a ellos les incomodaba que es el caso. Por eso no creo en los premios, y más tras recibir el primero y último, porque jamás he vuelto a presentarme a otra comedia de esas. Aquello fue una farsa. Es todo marketing y ceremonias para que compres el libro estrella de determinada editorial. Te venden que sí un libro ha ganado el premio tal, será porque es muy bueno y hay que tenerlo en la colección de libros con clase y categoría de tu casa. Pamplinas. Hay libros de esos que son infumables y tras tres páginas de coñazo te dan ganas de dormir o de cerrarlo.

La tercera razón es por el gran vacío que hay en el género fantástico y de terror entre los escritores de lengua hispana. Todos los lectores de libros en castellano o español recurrimos en el noventa y cinco por ciento de las veces a escritores anglosajones: Stephen King, Clive Baker, Richard Laymon, Peter Straub, Dean Koonz, Anne Rice, etc... Es un fenómeno curioso.

Lo mismo ocurre sí se trata de comprar una buena novela es espionaje: o es de Robert Lundum, de John Le Carre o de Tom Clancy, o parece que no compras nada. Son libros que suelen transcurrir en diversas partes del mundo con personajes de distintas nacionalidades y estamentos: políticos, militares o sociales. ¿Porqué un español, un colombiano o un argentino no escribe libros de la misma calidad o superior? ¿Por qué sucede lo mismo con el género fantástico o de terror?

Existen escritores hispanos que han escritos relatos de terror, de fantasía e incluso de ciencia ficción, es cierto. Pero quedan como algo minoritario, algo velado, y en algunos aspectos como anecdótico. Nunca han causado furor entre personas de todo el mundo. Esa es la cuestión. En la literatura hispana, en la ciencia ficción, no hay nadie que se pueda comparar a Isaac Asimov, Jack Vance o a Frank Herbert. ¿Es que no podemos tener la calidad que atesoran esos autores? ¿No sabemos escribir en la medida de ellos? ¿Es que no tenemos imaginación para crear mundos, situaciones y personajes fascinantes, que cautiven a lectores de todo el mundo?

Por todo ello escribo, querida lectora o lector. Escribo para abrir un nuevo camino tanto para mí, como para otros escritores y sobre todo por y para mis lectores. Se trata de una nueva y prometedora aventura en la que lo importante no es poner en mi biografía cuantas carreras o estudios tengo, o cuantos premios he ganado o he dejado de ganar. Todo eso no garantiza nada, absolutamente nada. Y lo que es más importante: que un libro sea bueno o malo.

Mi primer mandamiento no es solo ser honesto conmigo mismo, sino con los que van a leer mis novelas y gastar un solo céntimo de sus sueldos, y un solo minuto de sus vidas en lo que escribo. A mi no me gusta robar a nadie con un fraude del montón, ni hacerle perder el tiempo. Lo que hago es buscar originalidad, frescura, emoción y divertimiento. Sí una novela no me engancha a mí, si no me magnetiza, sino me hace agarra a mi sofá, es que no merece la pena.

Todos los artistas y escritores empezaron de la nada y han sido en un principio desconocidos. Yo estoy empezando, y no soy nadie de peso en este mundo literario. No tengo el gancho y la categoría de los autores consagrados, pero creo en el trabajo, en la honradez y en la seriedad. Cuando no engañas a la gente, y les das más de lo que piden, es lo más maravilloso que existe. Porque no se trata de que te gastes unos dólares en un libro. Se trata de que compartas un sueño, que lo vivas, que lo disfrutes a lo grande y que seas inmensamente feliz durante horas y días de lectura. Sí cierras el libro tras acabarlo, y dices: “ Demonios. Esto ha sido la bomba. Lo voy a volver a leer de nuevo porque me ha dejado asombrado ” seré el hombre más feliz del mundo, porque te habré hecho pasar un rato inolvidable. Aún recuerdo los maravillosos momentos que viví leyendo Azteca hace muchos años. Que excelente novela. Pero en ese punto viene lo más interesante. Recomendé ese libro a todos mis conocidos y amistades y me informé de ese autor, busqué obras anteriores de él, y esperé con gran expectación sus nuevos trabajos. He comprado todas sus novelas porque sabía que no me defraudarían. Cuando haces cosas buenas, trabajos honestos y de calidad, con el tiempo siempre irás a más. La gente se interesará por uno y querrá más de ti.

Te contaré una última anécdota. Le deje hace tiempo un manuscrito a una amiga, cuyo padre no conozco, ni he visto en mi vida a día de hoy. El hombre le preguntó a su hija que era ese grueso tomo de folios que estaba dando vueltas por la casa, y está le dijo que conocía a un hombre que escribía, y que eso era una novela de él. El hombre lo tomó entre sus manos, ojeó sus primeras páginas y se quedó tan cautivado que no se le devolvió a su hija. Primero debía de leerlo él, dijo, y durante una semana estuvo pegado día y noche hasta que lo acabó. Le dijo a su hija que hacía años que no leía una novela tan entretenida e intrigante. ¡E incluso se sintió interesado en mi persona! La verdad es la cosa me hizo gracia e ilusión. He dejado mis novelas a personas conocidas y desconocidas. Gente que siempre se quedaban impresionada y jamás indiferente. Chicas que no podían acabarlas de lo espantosas que eran, e incluso una tenía ganas de vomitar. ¡Os lo juro! Sobre todo los hombres se quedaban alucinados.

Esos son los mayores elogios que me puedan hacer jamás, de parte de personas anónimas que no me conocen de nada. Eso para mí vale más que las negativas de mil editoriales. Me encanta esa palabra tan solemne que utilizan para rechazar tus trabajos: desestimada. ¿Por qué? Sí cientos de lectores le apasionan mis libros y como uno, que lee mucho y de muy diversos autores, dijo: “ Son mucho mejores que los que hay en las librerías “ solo tienen buenas críticas y aceptación hacia mi obra, porqué son rechazadas una y otra vez. Tal vez sea porque no soy un famoso que aprovecha un golpe de popularidad y se pone a escribir por primera vez en su vida, o quizás porque no tengo una formidable cuenta bancaria llena de ceros, o porque no tengo padrinos en las editoriales que me ayuden a saltarme buena parte de los peldaños de la escalera, o porque no he ganado algún importante premio literario de esos que hay más política e intereses que honestidad y criterio. Ya lo veis amigos y amigas: eso es lo que hay. A J.K. Rowling, la escritora de la saga de Harry Potter, le rechazaron y desestimaron sus libros en catorce editoriales distintas, una detrás de otra. Admiro la gran visión comercial y literaria que tuvieron del trabajo de esa mujer todos los subnormales que leyeron su libro y dijeron que no era bueno. Por eso no me afecta lo más mínimo que mis libros sean continuamente desestimado por personas de igual profesionalidad y objetividad. Escribo cosas que no les gustan evidentemente. Tal vez tendría que borrar la mitad de los textos, y tal vez entonces las aceptarían, pero entonces no serían mis sueños, serían la mierda que ellas venden.

Te doy un fuerte abrazo y solo te digo una cosa, sí te gusta leer. Todos han empezado alguna vez. Sí me das la oportunidad y tu voto de confianza estoy seguro que juntos viviremos muchos grandes momentos, que recordarás con satisfacción. Nada me haría más feliz que no defraudarte.

Hasta pronto.


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